Ricardo Alcaide, transeúntes en trance

Un hombre recorre una galería de altas columnas y piso de granito hundido por el paso de los años (de la gente) y remendado por porciones. Hay algo de sucio en las paredes y en las esquinas. Las santamarías de los comercios están abajo, el silencio casi puede tocarse. El hombre viste un pantalón formal beige, camisa manga corta rosada a rayas, zapatos de trenzas con suela de goma, y una corbata color amarillo.

Un desconocido lo aborda y le solicita tres cosas: que detenga su agenda cotidiana y pause el trayecto, que cubra su rostro con una máscara, una máscara de mono, y que pose para ser fotografiado. Allí, en medio del corredor urbano, con su disfraz, el transeúnte pausa, y posa. La corbata ha quedado ligeramente ladeada. Sólo un peatón vestido de ejecutivo y con maletín en mano lo acompaña en el corredor al momento del click.


Se trata de una de las fotografías de la serie “Transeúntes” de Ricardo Alcalde, desarrollada en el centro de Sao Paulo, uno de los tantos lugares de Latinoamérica en los que la herencia arquitectónica de 1950 sobrevive, y en los que tal como menciona Alcaide, “el color ocurre democráticamente”. En efecto, el tratamiento del color, la pulcritud de la escena, el vestuario de los peatones fotografiados (un elemento fortuito pero importante en la serie), y su transformación en seres deshumanizados (en conejos, monos, burros y ratas), dan como resultado un espacio trastornado. En la extrañeza, fragmentos de algunos hitos de la ciudad brasilera (como el edificio Copan de Niemeyer o la Torre Italia), se convierten en ancla temporal y espacial que salva y devuelve a la realidad tanto a aquel peatón sorprendido en algún lugar del centro latinoamericano, como al espectador que ante la imagen, queda también en suspenso.


Alcaide se preocupa por la humanidad periférica dentro de la ciudad, por los outsiders y la ruptura que generan en el paisaje. En sus distintos trabajos (siempre plásticos y no necesariamente fotográficos) juega con la dicotomía adentro/afuera y construye puestas en escena pictóricas y controladas.

Cuando retrató indigentes londinenses los trasladó a un estudio. Desnudó sus torsos, y a través de marcados claroscuros los individualizó, resaltando las marcas de una piel generalmente invisible en la urbanidad cotidiana. En las fotos, descontextualizados y en silencio, poética y pulcramente, los indigentes hablan de extrañeza, periferia e intemperie. En otro trabajo revistió las ruidosas y molestas vallas citadinas con fragmentos en macro de pieles de esos mismos indigentes. Su más reciente trabajo: un conjunto de volúmenes arquitectónicos extraídos de esas mismas fotos urbanas, y “humanizados” del mismo modo: con pieles de los outsiders que justamente, desde afuera, justifican y alimentan la perfección y el ritmo de la gran ciudad.


Ricardo Alcaide ha recibido diversos reconocimientos y menciones, comenzando por el primer premio en el Salón Arturo Michelena (1988), el primer premio en la III Bienal de Artes Plásticas Christian Dior y el segundo premio en el I Salon Pirelli de Jóvenes Artistas (1993). Desde los inicios de su carrera ha exhibido en Madrid, Salvador de Bahía, Glasgow, Roma, Londres, Sao Paulo, y Caracas.

En esta, su cuidad natal, sus “Transeúntes” se han detenido desde el 15 de marzo en los galpones del Periférico Caracas. Visitarlos es salir (se) del ritmo cotidiano, suspenderse, y con suerte, volver a entrar al mundo, desde otro lugar.

Este texto fue publicado en la Revista Exceso n. 227 (abril 2009).


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