las 11 y 08

 

Un reloj sobre mi escritorio marca las 11 y 08 desde hace un par de semanas. Desconozco si son las once de la mañana o de la noche, no sé si el reloj está en 24h o en 12h. Hay un botoncito pero claro, no lo he revisado. No he tocado el aparato, eso es obvio. Son las 11 y 08.

Pasan los días y cada vez me sorprenden los números y lo que me parece que sugieren. Sobre todo me sorprende que me encuentre a mi misma siempre asombrada o preocupada o extrañada de que sean las 11 y 08. Todavía? me pregunto. Ya? me cuestiono en otras oportunidades. A veces siento que se ha hecho demasiado tarde muy pronto. El reloj me asalta. Son pocos milisegundos, si es que la medida existe y vale en este caso. No lo sé, mi reloj no los mide. No sé cuánto dura el apuro, pero nunca paso mis ojos sobre los números digitales sin que ese barrido genere una extrañeza y un susto. La sensación de estar quedándome atrás. De no estar al día. El tiempo jamás me ha sobrado, así que la posibilidad opuesta no se me ocurre. Nunca es demasiado temprano. El apuro dura poco, en seguida recuerdo la fijeza del aparato. Esa permanencia terca.

De pronto descubro que estoy ante una venganza sutil, mi venganza dulce, el reloj es la evidencia de mi resistencia al tiempo que pasa, mi negación a correrle atrás. Siempre me han fascinado las resistencias pacíficas. El reloj detenido debe ser eso: cierta forma de poder que ejerzo sobre el tiempo y su yugo. No salgo a las horas pico. No tengo más horarios que los que me imponen quienes lo tienen. En efecto, no llevo reloj atado a mi muñeca. Igual están las computadoras y los celulares y los hornos microondas. Las horas no se dejan postponer tan facilmente.

Al final comprendo. Vendrán otras épocas pero por los momentos me despiertan mis bebés. Trabajo en el tiempo que me dejan libre, que aprovecho emocionada y no se mide en segundos ni en minutos ni en horas. No tengo horarios, tengo un día lleno que se marca por sí solo y sin preguntarle o preguntarme cuándo es hora de qué. En fin. Me gusta mi reloj a las 11 y 08.

Un comentario en “las 11 y 08

  1. ¨Trabajo en el tiempo que me dejan libre, que aprovecho emocionada y no se mide ni en segundos, ni en minutos ni en horas…” Te leo y pienso que eso debe ser madurez, esa madurez que te da ver la vida a través de otros ojos, pero que antes sin duda pasó por ti, por los tuyos y por esas disquisiciones que aunque parezcan vanas, refuerzan lo que vas siendo. Qué profundidad en el texto…

    Saludos,

    Ophir

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