Luz y sombra para mi hijo de tres.

Hoy fue un gran día. Mateo descubrió la sombra. Leíamos un cuento donde un personaje del que se hablaba no aparecía ilustrado. Mi hijo preguntó una, dos veces. ¿Dónde está?

No se quedó tranquilo. Yo leía el cuento pero sabía, lo conozco, que él andaba esperando que apareciera la imagen que faltaba. Necesitaba armar en su mente la historia completa y para hacerlo faltaba un dato. ¿Dónde estaba ese personaje que no se dejaba ver?

La verdad es que no es común que un libro para niños hable de alguien o algo que no aparezca o no se muestre de alguna manera con una ilustración. Volví atrás las páginas. Releímos el cuento (siempre cuando se trata de un libro nuevo él me pide leerlo dos o tres veces en su primera visita) y entonces descubrí que el personaje sí estaba. Aparecía como una silueta. Era una sombra.

Le digo mira, Mateo, acá está el gavilán! Sí está! Mi hijo no se inmuta. Pregunta porqué. ¿Porqué? Le explico que el sol está por allá arriba, que más abajo el animal. Y que acá la sombra.

Nada. Silencio.

Entonces entiendo

que mi hijo

no sabe

lo que es

una

sombra.

Luego de mi primer momento de fascinación absoluta ante su mundo en construcción, en inventario (y hay que ver lo que es eso, cuando uno descubre que el hijo está abriendo y creando su universo hay algo parecido a una sonrisa y un cosquilleo en el medio del pecho. Es emocionante. Un rush vital), le mostré bajo a la luz, la sombra de mi mano en la pared.

Se rió con una risa fresca, diverdida. Me miró con esa expresión agradecida, cómplice. Dibujó una sombra con su manito.

No podía creer lo que veía y a la vez lo celebraba.

.

Hace una semana Mateo descubrió el tiempo que pasa a partir de una foto. Me preguntó que porqué teníamos unas fotografías en un álbum (sí, todavía usamos álbumes de fotos). Le expliqué que para guardar momentos. Hablamos de la fotografía como forma de rescatar el instante fugaz. Me preguntó porqué el momento pasa.

¿Porqué el momento pasa?

Esa tarde hablamos de la inquietud que me obligó a crear este blog hace algunos años. La fuga permanente de la imagen, del momento. La permanencia de lo que se fuga gracias a lo atrapado en papel o en la pantalla de una computadora. Salvación gracias a la foto, al escrito. Hablamos del asunto, mi hijo de tres y yo, pero más que hablar lo que hicimos fue retratarnos frente a la computadora y comprobar juntos cómo el tiempo pasaba.

Fue un momento. Fugaz. Que rescaté a emoción y a conciencia a través de una serie de fotos tomadas ante la pantalla de mi computadora.

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En estos últimos días Mateo descubrió lo importante de la imagen y la escritura como salvación de lo que hay y de lo que importa o le importa a alguien. Y también descubrió la luz y la sombra. Dos fundamentos de la vida.

Yo simplemente soy tan afortunada por estar acá, por ser testigo y participante de esos suspiros que ya pasaron pero rescaté y rescato. Mi hijo mayor está creciendo. Eso es algo de lo que también me di cuenta hace una semana. Pero se trata de otra historia, que no voy a contar. O al menos, no hoy.

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Llevo varios posts sin utilizar imágenes que acompañen el texto. Hoy, de encontrarla en la web, publicaría acá un fotograma de la sombra del avión sobre el desierto africano que aparece al inicio de la película El Paciente Inglés. Sería la imagen perfecta para este post.

6 comentarios en “Luz y sombra para mi hijo de tres.

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