Dos manos juntas como un caracol

Es verdad lo que dice Cinzia. La vida es un entrar, permanecer y salir de los paréntesis.
La vida está hecha de paréntesis. Pienso que también es un paréntesis en el texto de alguien más, en el texto del ojo que nos ve. Y pienso que en la vida normal, entre textos de igual humanidad, digamos, pasa y ha pasado. Uno ha sido y puede ser el paréntesis de otro. De un otro cuyo texto tiene su propio sangrado y sus propias categorías, muchas veces insospechadas. Vaya, uno nunca sabe si uno es un paréntesis o un guión o un verso o un texto como una sábana. Uno nunca sabe y yo creo que tampoco tiene que saber. Al final, todos tenemos nuestras formas y sangrías, nuestras pausas y nuestros incisos.

Me quedé pensando en los paréntesis y es cierto, uno puede vivirlos desde dentro o desde afuera en su finitud, es bueno hacerlo, enseña a vivir la vida y especialmente a prepararse para el final. Pero también, por puro amor al juego, de vez en cuando puedes saltarlos. No digo saltarlos como queriendo sugerir ganarles, ni queriendo decir obviarlos. (Los paréntesis no hablan pero tampoco negocian ni permiten que nadie se los tome a broma. Ellos, en su silencio pasmoso y poderoso, como suelen ser todos los silencios, son y no discuten).
Pero puedes saltarlos, no les importa que alguien los salte. Puedes saltar de uno al otro, subirte a ellos, (al que abre, al que cierra) Pie izquierdo (en (el que (abre. Pie derecho en) el que) cierra). O al revés, si te parece que comenzar con el pie izquierdo pone en riesgo la operación.

Vistos desde arriba, cuando los miras pasar desde lo alto, con el vértigo de saber que tienes sólo un punto para suspenderte sobre el que abre o el que cierra antes de caer sobre una letra, parecen comas. Los paréntesis, vistos desde arriba como comas o desde abajo como lo que son, representan siempre breves pausas. Hay que pausar para no caerse de los paréntesis. Es decir que el ejercicio no es irreflexivo, la idea no es saltarlos para no mirarlos. Se trata de un juego, sí, que los contiene y que los celebra.

Desde lo alto muestran sus oleajes. Son comas que vuelven, que se regresan, que anuncian con su curvatura inversa una pausa en negativo. Los paréntesis son olas en un mar revuelto, y de pronto escamas de pez, o conchas marinas en el fondo, en lo profundo. Ayer escribí en un cuaderno, en la mitad de una clase sobre la novela corta en la que vaya usted a saber por qué leímos un cuento de Bolaño, una cita que ya está en algún lugar de fugapermanente y me fascina. Un verso que dice La poesía es un buzo muerto en el ojo de Dios. Lo dijo Bolaño, lo cité acá hace tiempo, lo reescribí ayer por casualidad o por puro gusto, y hoy lo retomo porque a las coincidencias y especialmente a las reincidencias hay que prestarles atención. Y ya que estamos hablando de vida, de paréntesis en el texto de alguien más, la cita no podría quedar mejor.

(La poesía es un buzo muerto en el ojo de Dios)

Así que en el fondo de este mar de comas, que no son comas sino paréntesis, junto a las conchas de mar que eran ola y dejaron de serlo: un buzo muerto. Zoom out: un Dios. O Dios. El Dios de los paréntesis. De pronto cambiemos el escenario, de materia, de elemento: agua, tierra, fuego y aire. Aire. Los paréntesis son polen flotando sin rumbo pero con destino seguro, son también hojas otoñales. Son hojas bailando tranquilas, simplemente estando en su danza lenta y su devenir.

Mateo encontró hace algunos días la primera hoja naranja y ganó. Ganó en el mundo. Fue el primero en encontrar el otoño, yo le había propuesto esa competencia: a ver quién lo encuentra primero, y pensé que tendría que hacerme la vista gorda ante los in(d)icios de esa estación.

En septiembre escribí frágiles paréntesis de membranas de papel.
Paréntesis, dije,
(manos en cuenco, sueño, secreto, dos manos juntas como un caracol. Plegaria, suspiro, aplauso. Dos manos en cuenco, ofrenda, tesoro, sacrificio. Dos manos, palma con palma. Astro, labio, astrolabio, promesa. Dios. Namaste como en saludo, en yo te veo, y en adiós)
Nos están gustando los paréntesis, debo agradecer a Enrique. Claro que los míos, estos de ola, de concha marina y de hoja otoñal, son distintos a los suyos, pero me recuerdan a él y por eso lo invito. Abro paréntesis. Acá. Cierro paréntesis.

Así que mi hijo de tres años ganó el concurso, llegó a casa con una hoja que encontró en el parque, y me la regaló: gané. Fui el primero en encontrar el otoño. Como diciéndome abrimos el paréntesis. El paréntesis que cierra cuando el invierno llegue.

Un comentario en “Dos manos juntas como un caracol

  1. …que hermoso texto mi Kei.
    no sé por qué, pero siento mucho la hermandad entre un ensayo y una poesía leyéndote ahora. Tal vez esa hermosa imagen del paréntesis de Cinz. Me gusta como se puede encontrar la reflexión de tantas cosas, el reflejo de muchos hallazgos a un mismo tiempo, en esta página. Iniciar con
    in(d)icios. Un gran beso.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s