Violently happy

Tengo que comenzar por el final. Digamos que este es un prólogo. Resulta que escribí este post el fin de semana y supe desde el comienzo cuál sería el título (el que aún lleva y ahora tiene tanto más sentido). Mientras escribía pensé en Bjork y la energía violentamente feliz que en efecto despliega en esa canción, que me encanta. Y pensé en la valentía. Luego me pregunté si la expresión “violentamente feliz” es un oxímoron.  Me dije que no.

El trabajo de Bjork me parece misterioso e inteligente, dulce y violento (sí), y me asombra de su persona entre otras cosas la apariencia infantil (ahora pienso: los niños son felizmente violentos a veces, ¿no?).  Ahora me pregunto (ya, se jodió el post, iba a un sitio y terminé en otro): ¿qué tienen los músicos Islandeses?, ¿qué tiene Islandia? No soy experta en el tema (a estas alturas debe ser obvio), pero está Bjork, está Múm, está Sigúr Ros. Las tres propuestas musicales me inquietan.

Si pudiera escribir esta parte que sigue al pie de la página lo haría. Habrá que imaginarse que este es un pie de página con el número 1. Ahí va: Tengo un amigo que teme perderse cuando expone un tema y ahora pienso en él y en cuán inapropiado debe resultar este post si quien lo lee espera que diga lo que vino a decir y nada más. El post. Y yo. Yo vine a decir lo que vine a decir, y luego también otras cosas, tan o más relevantes en mi idea del universo y sus misterios. Se acabó el pie de página.

El caso es que el post se titulaba así como ahora.

Lo escribí durante el fin de semana, lo dejé descansar porque sabía que había algo más qué decir, y hoy comencé a leer lo que tocaba para la clase de Forms and Techniques of Poetry: nada más y nada menos que:

Islandia. Iceland. Decir Iceland es sentir el hielo y la planicie del origen, viajar al nacimiento de otro planeta que sí, también es el nuestro; mudarse al sonido de la brisa, al comienzo de un lugar lejano que se me acerca al pronunciar su nombre. Iceland. Tengo todo el día leyendo (sobre) poesía islandesa y escuchando Múm. Busqué fotos, leí más.

Corro sin restricciones ni economías musculares hasta quedar sin aire, doy vueltas en una pradera hasta caer mareada, grito una palabra mágica en un sitio en el que nadie puede escuchar. Me paro sobre las manos: Adho mukha vrksasana es para mí una expresión de la felicidad violenta. Siempre me he imaginado parada sobre las manos, muchísimo antes de mis inicios en el yoga. Era una imagen recurrente que llegó a inquietarme. Ahora es práctica diaria que me acerca al juego y al límite, una de las pocas posturas en las que el precipicio y el futuro queda en la espalda. Mientras dura la pose y el equilibrio, y hay la sutileza para mantenerse allí (así), uno queda mirando hacia atrás: todo se invierte y el mundo que uno ha dejado se muda frente a los ojos. La existencia por venir en cambio se muda a la espalda, no se puede ver pero está allí y más cerca que nunca gracias al gesto, a la ásana.

Así que Islandia me invitó y yo fui. Estoy allí, para ser sincera. Estoy escribiendo desde una casa de madera color blanco, con escaleras en la entrada. Hace frío y desayuné tostadas con mantequilla y mermelada de cerezas. No me importa el arquetipo: ahora seguro hay alguien comiendo pan con mantequilla y mermelada en Iceland.

Eso era lo que tenía que decir antes de publicar este texto. Celebro y agradezco las coincidencias perfectas y creo que cuando ocurren hay que honrarlas, al menos decirles: te vi, me doy cuenta de que ocurres, no soy ciega, sé y siento que hay algo más. Gracias.

Pie de página número 2: Una circunstancia casual o causal como esta, con este imán y este asombro, me ocurrió una vez. En esa oportunidad terminé en el Sur de India.

Ajá. A lo que vinimos. Este era el post (que ahora me parece que no tiene nada que ver pero sí, no perdamos la fe).

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Desde comienzos de diciembre muchas cosas cambiaron y se ha venido gestando un gesto (¿violento?) que no deseo posponer. Pronto es febrero, ya se estrenó el 2012, comencé el semestre, cumpliré años. Let It Happen, incita mi profesor de yoga cuando estamos por pararnos sobre las manos o abriendo las caderas más allá de lo que desde afuera puede parecer razonable. (Let it happen). Y digo desde afuera porque hace falta estar allí, acostado en el piso y con los flexores entre la pelvis y los muslos bien calientes para saber que lo único razonable es terminar de soltar, entregar (se). Lo razonable es lo preciso. Hablo de caderas y podría hablar de pecho. O de texto.

He decidido lanzar todo por los aires.

Y lo haré violentamente feliz, como diría la islandesa.

(You are stronger than you think you are)

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Exhalación kapalabhati es una respiración tipo fuelle que se origina en el vientre y tiene eco en la cabeza. Limpia el cráneo.

Están saliendo desde el diafragma inferior y por los aires algunos viajes, los míos y los de otros, historias, poemas. Crónicas. Historias tan privadas que no conozco aún se preparan para la expulsión hacia el cielo. Cuando las lance al (des)orden descubriré que existen, que hay algo oscuro y mío, algo que me habla y pide ser descubierto, y que nace de ellas. También tendré que aceptar que no, nunca ocurrieron. Vuelan recuerdos sobre momentos que no tuvieron lugar como los cuento, el mapa de un sitio al que no he ido pero del que conozco cada estación, cada carretera, cada viento helado, cada ola. (El sonido de la respiración es una ola eterna).

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Estoy prematuramente cansada de la pregunta: ¿pero es cierto?, esto que cuentas acá, ¿ocurrió realmente? Ya se sabe, lo sabe la antropología aunque lo niegue (esto que te he dicho no lo repitas, si lo divulgas diré que no, jamás dije que la ciencia objetiva no exista): todo es siempre ficción.

Si le hubiese preguntado a un amigo Warekena durante mis trabajos de campo amazónicos: este mito de creación, ¿es cierto?, seguramente se habría reído en mi cara. Tal vez no me hubiese invitado más nunca a conversar. Le hubiese parecido maleducada y además aburrida. Este lugar, acá; ¿es un ombligo más del mundo o es el único ombligo del mundo?

¿Y quién te dijo que lo es?

Ya sé que no escribo antropología. Me costó mucho decidir no hacerlo más y sé, estoy segura, que hubiese podido continuar haciéndolo sobre todo porque estudiaba justamente relatos: así que hubiese disfrutado de la narración y calmado mi hambre desde otro lugar.

Antes y ahora: no creo que tenga sentido preguntarle a ninguna historia si lo que cuenta es cierto.

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Las palabras, las fotos, las memorias, las historias posibles y reales (¿dije reales?) se posan sobre la superficie horizontal. (Let it happen) Sobre un papel. (You are stronger than you think you are). Ciertos gestos, varios motivos lógicos para la composición y algunas memorias caen antes, los más pesados, los más grandes; es asombroso ver qué se junta con qué, qué va cayendo luego y cómo se posa sobre lo que ya estaba. Así es esta historia no violenta felizmente violenta: a ratos un poema.

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Yo hoy estoy en Islandia. Islandia es isla e Islandia es hielo. Islandia es adho mukha vrksasana y amor revolcándose en la hierba. A los poemas no se les pregunta. Se les responde con silencio. Quien se inquieta desde el silencio violentamente feliz, gana.

7 comentarios en “Violently happy

  1. Keyla leerte es ir a Islandia, al Amazonas, a la ficción y a esa realidad que subyace cuando incómodamente aparece la pregunta que confronta personas y letras y entonces el susto de quién -o qué- eres tú(yo). Es un lujo sortearla de tu mano, ascender al mundo desde esa postura que es cadera, corazón pero sobre todo cerebro, un cerebro entrenado para transgredir al ojo y seguir viendo. Entonces el final deja la puerta abierta y ahí estamos violently happy y qué bueno!!

    Abrazos,

    Ophir

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  2. Islandia… qué ganas de ir a Islandia. Islandia que está tan lejos pero al mismo tiempo se nos ha metido tantísimo bajo la piel. Porque Islandia es Sigur Ros y el Múm y es Bjork, pero Islandia es también Montejo (joder, Montejo, cómo se te ocurre escribir así de Islandia, ¿y ahora qué hacemos todos nosotros?, ¿cómo alguien va a escribir desde este sol y estas palmeras de esos fiordos y esa lengua de hielo como ya lo hiciste tú?
    En fin… qué belleza esta entrada, no la había leído. Y quería dejarte esta maga islandesa, Soley, para que te lleve a Islandia la próxima vez:

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