Diafragma (Poema de Julia, o Cajón n.3 del Inventario)

En este tiempo he escrito algunos poemas para uno de los personajes principales de la novela. Los he escrito buscando saber qué siente ella, quién es, para ponerme en su lugar, en su diafragma. Este fue el primero de la serie y creo, sin ánimos de cantar victoria,  que funcionó, que gracias a él logré hacerla respirar y continuar creando su ficción. Desde entonces cuando me hace falta le escribo otro, le enciendo su vela. Me está pareciendo que los mecanismos de la ficción son misteriosos, terapéuticos, sí, y ocultos también. Y creo que cualquier medio vale, depende de la historia, depende de la voz y del momento a la hora de escribir.
Hoy al terminar mi clase de yoga, justamente en Savasana, que es el momento de la muerte, el final del ciclo: pose del cadáver es lo que quiere decir el nombre de la postura en sánscrito, sentí que ese personaje se me está alejando, que ahora es cuando hay que escribirle más poemas para dejarla hablar. Mientras más se distancia, más capaz soy de verla. Fue una linda despedida a la hora del cadáver, y como suele ocurrir con las despedidas, fue también un saludo, una invitación, una puerta abierta. O eso pienso yo, que los distanciamientos lo que hacen es acercarnos, a veces. Pero vaya usted a saber si esto es así o no, tal vez son cosas mías. No sé, a fin de cuentas mi propio nombre salió de una canción que se llama Hello, Goodbye.  Pero claro, tendría que haberse llamado Goodbye, Hello. En fin. Siempre es bueno estar de vuelta en fugapermanente. Y estas dos últimas líneas, por sí solas, son la serpiente que se muerde la cola. El anillo de hierba y raíz.
Ahora sí, dejo muy cariñosamente lo que vine a dejar.

.

Nadie sabe con certeza dónde queda el orificio
la vena, el conducto, el pozo turbio.

Para mirarme en esta historia
debo hundir un dedo
o varios
en la carne rosa,
debo hurgar en las costillas
mirar cómo se arquean
y muestran sus bordes navaja.

Son dos las costillas flotantes.
Respiro electroshock,
operación astral
y vuelven a su lugar.

Para mirarte en esta historia me encomiendo a un gato
si es que tienen corte
y puedo encenderles vela.
Tal vez es el hígado
en la punta de mis dedos.

Si subo, en línea vertical,
llego a un domo
al paraguas
que me impide tocar
donde siento que sentí.

El diafragma, me dijeron una vez
es el único músculo
que se inserta en sí mismo.

Una sombrilla extendida a la tormenta
separa la humedad, la antigua sangre,
de los huesos que crujen
cada vez que sonríes
o intentas abrazar.

Un puño apenas, una herida
y se abre.
Te expulsa la membrana como lluvia,
salen los recuerdos-catapulta
como gotas sin mojar.

Me sirve de balance
sobre la cuerda floja,
este paraguas.
Qué músculo curioso y fuerte:
entre corazón y estómago
no pide nada para comenzar o terminar.
Se inserta en sí.

2 comentarios en “Diafragma (Poema de Julia, o Cajón n.3 del Inventario)

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